
CAPÍTULO IV
Deshaciendo el equipaje...
Me paré del sofá en el que me encontraba, no sin antes verificar mi rostro en el espejo que estaba cerca de la puerta, no estaba tan mal, sólo los ojos enrojecidos por las lágrimas no derramadas, abrí la puerta preparada para fingir una sonrisa…
-Hola de nuevo…- Patrice me sonrió e instantáneamente le devolví la sonrisa, realmente me sorprendía la facilidad con la que recuperaba mi humor anterior, fui consciente de la mirada sobresaltada que me dirigía, supuse que se debía a mis ojos- ¿Vengo en un mal momento?
-Para nada Path… - le sonreí- lo que pasa es que soy una niña de mami y pues los extraño mucho… pero ya pasará- no era una mentira como tal, en el fondo –aunque muy en el fondo- me entristecía separarme de mi familia…
-Disculpa… lo entiendo… bueno mejor no nos pongamos tristes ¿ok? Ya arreglaste tu cuarto… veo que no, bien pongámonos a trabajar…
No entendía lo literal de sus palabras hasta que realmente nos pusimos a trabajar, quise decirle que no llevaba artículos de limpieza y que debía ir a algún supermercado, pero no me había dado cuenta que ella había traído una escoba y una cubeta con algunos líquidos detergentes, limpiamos y lavamos cada rincón del cuarto hasta que quedó brillante.
Posicionamos la cama en el lugar que ella dijo era ideal, cerca de una hermosa ventana que daba hacia el lado sur del campus –donde había un hermoso bosque-, debía sacar las viejas sábanas que mamá me había dado de mi cuarto en Riverville así como unas cortinas, y cuando ella las vió me dijo que pronto debíamos ir por unas telas y ella me las cosería para que fueran de un color que me quedara bien. Yo quise decirle que no, pero me miró con una cara de sicópata asesino que no pude negarme a su petición, podía ver que era imposible tratar de negociar con ella…
Acomodé los únicos libros que llevaba en la que destacaban la colección de Jane Austin, mi viejo ejemplar de “Cumbres borrascosas”, unos cuántos de Shakespeare y sin olvidarnos de la hermosura de “Jane Eyre", y obviamente mi favorita: la Saga Twilight de la señora Meyer; pero aún así sólo logré llenar un estante de los 4 que formaban el librero, supuse que cuando fuera a la universidad tendría algunos más.
En los estantes restantes, puse algunos objetos que no podría alejar jamás de mí: la cubeta verde con mi lagartija, el cocodrilo y mi murciélago (que representaban a mis dos hermanas y a mí misma); El viejo trofeo del bate con la pelota que Anne me había obsequiado hacia tantos años, el atrapa sueños con una base que me había dado mi tía Alice, la única foto donde mis padres estaban juntos cuando fue mi bautizo; la esfera de cristal con el castillo incluido que papá me había dado de pequeña porque él decía que yo era una princesa y que viviría un hermoso cuento de hadas y aunque yo estaba segura de que esto no era cierto, pues me recordaba a mi padre, unos portarretratos más con fotos de mi familia y amigos, y aunque me doliera en el alma… el pequeño baúl… que Ben me había dado hace algunos años… lo puse en el último estante, y tuve que voltear hacia otro lado para no permitir que las lágrimas surgieran...
Sabía perfectamente que ahí se encontraban todas las cartas que él me había dado, así como mi último obsequio de cumpleaños: Mi pulsera con el anillo promesa…
El piso de madera pronto fue adornado por algunos tapetes de distintas formas y colores que se me hacían conocidos, se veían de tela cortada. Pronto caí en la cuenta de que todo lo nuevo que había en el salón eran cosas mías que habían sido rediseñadas. Patrice había traído de su cuarto martillo, clavos, dos repisas -que no sé de dónde sacó- e incluso un taladro. Me aconsejó poner mis portarretratos en las paredes y sinceramente se veían geniales.
Llevábamos todo el día trabajando, no fui consciente de que se me había pasado la hora del desayuno, el almuerzo y la comida. Comenzaba a marearme todo aquello, era mucho el tiempo invertido en arreglar un cuarto. Así que decidí ir al baño a lavarme la cara y respirar, abrí la puerta y comencé a caminar –los baños eran compartidos y estaban al final del pasillo junto con las regaderas-… Me sentía mal de dejar a Path todo aquello, pero es que me dolía el estómago por el hambre… Fui rápidamente y cuando sentí que el mareo había cedido regresé… Abrí la puerta y quise desmayarme… Ya estaba todo despejado…Y eso me agradó, pues debo reconocer que tengo una afición por tener todo perfectamente limpio y ordenado. Pronto Patrice se fue y yo me recosté en la cama.
Patrice quedó de tocar en cuanto se vistiera para que fuéramos juntas a cenar. Tomé mi neceser de aseo y me dirigí a las regaderas…
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